Un paseo fluvial por la apacible Borgoña a bordo de Riverside Ravel

Solo con escuchar el nombre de la zona de la Borgoña, nuestra mente empieza a dibujar un increíble paisaje verde, repleto de colinas suaves y amplios viñedos; una región salpicada por numerosos pueblos con casas de piedra y tejados rojos. Como epicentro, el rio Saona, que va atravesando bosques, pastizales y valles de ensueño.

La principal compañía de cruceros fluviales de lujo por Europa, Riverside Luxury Cruise, lleva desde hace dos años surcando el Saona a bordo del Riverside Ravel para ofrecer a sus huéspedes una experiencia única por la apacible Borgoña.

Riverside Ravel: un verdadero hotel de lujo flotante

Porque no es solo el entorno exterior, es – principalmente – el barco. Nada más embarcar en el Riverside Ravel, uno descubre que se trata de un auténtico hotel de lujo sobre el agua. Cada una de sus 55 suites está perfectamente equipada y distribuida, orientando la cama king-size hacia su gran ventanal, que permite contemplar las vistas panorámicas mientras se navega.

Este enorme crucero, con 11 metros de manga y 135 metros de eslora, ofrece diversas áreas comunes, que multiplican las opciones de ocio y bienestar a bordo. Destaca especialmente la zona spa situada en la popa y el gimnasio, equipado con máquinas Technogym de última generación.

También merece espacial atención su gastronomía a nivel de cualquier estrella Michelín. Los desayunos y comidas se ofrecen en un buffet variado con opciones que van desde refinadas recetas francesas a platos internacionales.

Cada noche, el equipo de cocina ofrece un amplio de menú en mesa, acompañado de vinos diferentes de la región. Destaca no solo la indiscutible calidad y sabor de cada plato, sino la apuesta de productos locales, lo que permite seguir descubriendo la zona de la Borgoña a través del paladar.

 

Itinerario a través de la apacible Borgoña

La ruta programada por Riverside Ravel a lo largo del río Saona hace parada en Lyon, Mâcon y Chalon-sur-Saone. Aunque el equipo de excursiones siempre tiene programada alguna sorpresa.

LYON

La aventura comienza ascendiendo a la colina de Fourvière, donde la imponente Basílica de Notre-Dame de Fourvière se alza como un faro de historia y devoción. Allí se encuentra una exposición temporal sobre milagros eucarísticos a lo largo de la historia, y destaca el de San Daniel de Girona en 1297, un inesperado y curioso vínculo con nuestra historia.

Desde el mirador, se puede distinguir perfectamente el cruce de los ríos Ródano y Saona, “la confluencia”, cuyas aguas se funden en un espectáculo natural que refleja la esencia de Lyon como ciudad entre dos ríos.

Durante el recorrido, se puede visitar la famosa Tour Rose, una torre de un distintivo color rosado que se alza en un patio interior del Vieux Lyon como un secreto escondido entre pasajes y traboules, tan pintoresca que parecía salida de un cuento medieval.

Pero si hay algo que sorprende especialmente es la presencia de pixel arts de Super Mario y otros videojuegos en muchas esquinas, pequeños mosaicos que rompen la solemnidad de la piedra centenaria con un toque moderno y gamberro, y recuerdan que Lyon es una ciudad viva, donde lo antiguo y lo contemporáneo conviven con descaro.

MÂCON

El día siguiente empieza en Mâcon, con un paseo matinal a través de su centro histórico. Se trata de un pueblo lleno de casas de entramado de madera, donde destaca Maison de Bois, reconvertida ahora en un bar restaurante. A lo largo de este paseo, aparecen la majestuosa Catedral Vieja de Saint-Vincent, el Hôtel-Dieu con su historia hospitalaria y el Puente Saint-Laurent, que ofrece unas vistas al Saona tan serenas que parecía que el tiempo se detenía.

Si Lyon regala ese guiño a la ciudad de Girona, Macôn nos lleva directamente a ‘La Mancha’, a través de una señal de ciudades hermanadas en la que aparecía Alcázar de San Juan junto a otras localidades del mundo.

BRANCION

Por la tarde, y mientras el barco zarpa, hay opción de visitar otros pueblos cercanos en autobús. El itinerario de Riverside Ravel por la Borgoña te lleva directamente a Brancion, un pequeño pueblo medieval atrapado en el tiempo, con sus calles empedradas y fachadas de piedra que parecían haber visto mil inviernos.

Allí se puede visitar la iglesia románica de Saint-Pierre con sus frescos que conservan un halo de misticismo; el mercado cubierto del siglo XV, que aún huele a historias de mercaderes; y el imponente Château de Brancion, desde donde las vistas sobre los viñedos se extendían como un océano verde.

TOURNUS

En busca del barco, el autobús toma dirección a Tournus. Y al caer la noche, la última excursión es un paseo junto a la Abadía de Saint-Philibert, cuya silueta románica se veía aún más majestuosa iluminada por la suave luz del atardecer. Esta abadía, construida en el siglo X, es uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura románica en Francia.

La jornada culmina en el elegante hotel-spa Les Sept Fontaines, donde un dueto formado por clarinete contrabajo y piano ofrece un concierto íntimo y envolvente mientras se brinda con una copa de champán frío. Una excursión “uniquely Riverside”.

CHALON-SUR-SAÔNE

El itinerario finaliza en Chalon-sur-Saône, cuna de Nicéphore Niépce, inventor de la fotografía. Se trata de una ciudad llena de vida, con la Catedral Saint-Vincent como epicentro de un laberinto de calles medievales cargadas de carácter.

La ruta por la ciudad tiene tres paradas claves. La Meulière, una panadería-croissantería local, donde se puede degustar una selección de sus mejores panes: pain au petit épeautre (engrain), Le Parisien y eigle aux raisins de Corinthe, entre otros. A continuación, Terroirs & Millesimes, una vinoteca que ofrece una cata de vinos típicos de la región: un elegante Vosne-Romanée tinto, un fresco Côte Chalonnaise blanco, y el licor Crème de Cassis, famoso por ser la base del clásico Kir. Y, por último, ALLEX, una pastelería que elabora chocolates artesanales con los que despertar todos los sentidos.

Cada verano, Chalon-sur-Saône se transforma en un gigantesco escenario gracias a “Chalon dans la Rue”, el mayor festival de artes callejeras de Europa, un evento que refleja el espíritu creativo y festivo de esta ciudad única.

La vida a bordo de Riverside Ravel

Entre excursiones, Riverside Ravel se convierte en un refugio de placer y descubrimiento. El recibimiento de la tripulación, con toalla húmeda y bebida refrescante, hace sentir que llegas a tu casa.

Las tardes discurren de forma cálida en la cubierta, viendo desfilar colinas de viñedos y pueblos medievales. Y la noche termina en el Piano Bar, en un ambiente tranquilo, lleno de buena música y armonía para disfrutar de una velada única, entre charlas, risas y copas.

Riverside Ravel se convierte en una experiencia de ensueño que permanece grabada parasiempre.